Ella asintió en silencio y, en ese instante, no pidió nada más. Porque, tal vez, lo que Pedro decía con los ojos era más sincero que cualquier pasado que aún ocultara.
Esa noche, el cansancio físico no fue suficiente para apagar la inquietud que latía en los corazones de ambos. Jasmine se acostó con el cuerpo dolorido, pero con el alma en calma. Cerró los ojos y recordó el toque leve de los dedos de Pedro, el calor silencioso de su mirada, la ternura contida en cada gesto.
Pedro, por su parte,