Bajo el Sol y el Silencio de la Tierra
Pedro se despertaba cada vez más temprano, como si su cuerpo se adaptara, día tras día, al ritmo de la tierra. Los gallos apenas habían anunciado el amanecer y él ya estaba en el campo, lavándose el rostro con el agua fría del pozo, escuchando el crujir de las hojas bajo sus pies y el mugido distante de la vaca lechera.
Cada tarea era una inmersión silenciosa en un mundo que comenzaba a respetar profundamente. El olor del corral, antes áspero, ahora pa