Esa noche, Jasmine no durmió de inmediato. Se quedó en la cama, con la mirada perdida en el techo, reviviendo cada segundo del abrazo de Pedro. No había sido un gesto cualquiera. Había sido un refugio. Una promesa silenciosa de que, aunque él también estuviera roto por dentro, no huiría de los pedazos de ella.
Al día siguiente, el sol salió tímidamente entre nubes pesadas. Las lluvias habían cesado, pero la tierra seguía húmeda, con ese aroma profundo de raíces vivas.
Pedro salió temprano para