Zuri llegó a mediodía con el sobre en la mano y una expresión que no era exactamente alarma pero se le parecía.
—Llegó a la dirección bancaria —dijo, antes de que yo pudiera preguntar—. La que registraste en el banco del pueblo.
Lo tomé.
Sobre blanco. Sin remitente. Sin dirección de origen. Mi nombre en el frente, escrito a mano con la letra contenida y precisa de alguien que practica que su escritura no revele nada.
Entré. Zuri me siguió.
Lo abrí en la mesa del comedor.
Una página. Texto breve