La sala sellada del ala sur olía a papel viejo y a algo más.
Algo que no supe nombrar hasta que estuve dentro y la puerta cerrada detrás de mí.
Olía a él. A alguien que había vivido en ese espacio el tiempo suficiente para dejarlo marcado. No un perfume. La huella de una presencia que ya no estaba.
La primera vez que entré aquí fue en el cap. 8, con Sael en el umbral y el mecanismo cediéndome sin explicación. Entonces solo miré. Esta vez entré a trabajar.
Cuatro horas, metódica.
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