El camino de piedra olía igual que siempre.
No sé qué esperaba. Tal vez que algo fuera diferente después de dos semanas — que el olor cambiara, que la pendiente se sintiera más corta, que el bosque a los lados tuviera una textura distinta a la que tenía la noche que llegué con la maleta y los documentos del notario Bermeo.
No cambió nada.
Las piedras sueltas en los mismos lugares. El viento entre las mismas ramas. El olor a tierra húmeda y a pino que la hacienda tiene antes de que el jazmín del