El reencuentro no fue dramático.
No en el sentido externo. No hubo el tipo de escena que el inventario emocional de las últimas dos semanas habría justificado.
No hubo gritos. No hubo el ruido de alguien cerrando la distancia a carrera.
No hubo ninguna de las cosas que cierto tipo de historia ha decidido que los reencuentros requieren para que cuenten como reencuentros reales.
Lo que hubo fue esto:
Sael tomó mi mano.
Sin decir nada. Sin el gesto previo de anunciar que lo iba a hacer. Solo su ma