A la mañana siguiente los cuatro estábamos alrededor de la mesa del comedor con el expediente extendido en el centro.
No fue planeado exactamente así. Fue que Sael puso los documentos históricos sobre la mesa a las nueve, Dante llegó con el café y se quedó porque el expediente estaba ahí y él no dejaba pasar información sin procesarla.
Luciano entró con la notificación formal del Consejo — la que había llegado durante mi ausencia — y la puso al centro de todo. Para cuando los tres me miraron yo