Crisanto dio un paso atrás.
Solo uno.
En doscientos veinte años de existencia, ese paso no tenía precedente.
El campo seguía abierto entre nosotros dos. Yo de pie en el centro del claro. Los tres vínculos activos. Los tres hermanos inconscientes en el suelo a mis espaldas —caídos exactamente como Sael predijo, exactamente como el plan calculó.
El canal los había atravesado completos y el costo era ese: quien amplifica una proyección de esa intensidad paga con la conciencia.
Vivos. Fuera.
Y Cris