El estudio de Ezequiel olía diferente.
No a moho cerrado ni al polvo de papel sin tocar: olía a cedro y a algo más ordenado, con el tipo de aire que produce un espacio que ha sido abierto y trabajado recientemente.
Me detuve en el umbral.
Los documentos del padre —la caja completa, los registros del Consejo, las notas sueltas, los fragmentos de correspondencia que habíamos ido encontrando por la hacienda en los últimos meses— estaban organizados sobre la mesa.
No apilados en el orden de quien d