El ala este de la hacienda tenía una grieta en el muro norte.
Lo supe porque Dante me lo mencionó esa mañana con la misma voz con que mencionaba cualquier otra cosa que necesitaba hacerse: sin urgencia, sin drama, con la precisión de alguien que lleva meses catalogando el problema y solo ahora tiene razón para hablarlo en voz alta.
—¿Cuánto tiempo lleva así? —pregunté.
—Meses.
—¿Por qué no la reparaste?
Dante estaba mirando el café que me había puesto delante sin que yo lo pidiera. El gesto más