La tercera jornada empezó con el Consejo ya instalado cuando llegamos.
El Primer Receptor con su carpeta cerrada frente a él. La Tejedora con el cuaderno abierto y el bolígrafo en la mano.
El Último Testigo con los ojos en el espacio entre la mesa y la pared, el lugar específico donde miraba cuando no quería que nadie le leyera la expresión.
Me senté.
Los tres hermanos detrás.
Y abrí el canal.
No era la primera vez que lo hacía durante el juicio — llevaba dos jornadas practicando la lectura en