Perla estaba en la cocina cuando entré a la mañana siguiente.
No cocinando. Sentada a la mesa con las manos alrededor de una taza vacía, mirando el borde de porcelana con la atención de alguien que no está mirando el borde de porcelana sino algo que está detrás de él.
Me senté frente a ella.
—Cuéntame por qué —dije. —Todo. Desde el principio. No lo que le dijiste a los hermanos en la reunión: lo que es verdad.
Perla me miró.
—Lo que le dije en la reunión era verdad.
—Parte de ello. —No lo dije