POV SCARLETT
El sótano olía a cemento húmedo y a la grasa de las armas que Mateo limpiaba con una rítmica obsesión. Han pasado cuarenta y ocho horas desde que la mansión Vetrovski se convirtió en una pira funeraria. Mi reflejo en el espejo roto ya no me asustaba; el cabello corto, trasquilado con mi propia daga, me daba el aire de una viuda de guerra que ha dejado de llorar para empezar a cazar.
Me toqué el pecho, justo sobre el esternón. La mutación, estabilizada por el suero dorado, ya no que