Dije dos pasos atrás, alejándome de él. El corazón me latía con fuerza, no por miedo… sino por la devastación.
—Entiendo que estés furioso —dije despacio, con la voz temblorosa—. Entiendo que la tensión esté al límite. Así que te sugiero… que te tomes un momento y te tranquilices.
Me di la vuelta, negándome a mirarlo a los ojos.
—Voy a ver a la persona de la que no quieres que hable. Voy a asegurarme de que María y los demás estén bien.
Me detuve en la puerta.
—Y cuando estés listo para hab