Alex se dio la vuelta y se alejó lentamente, con la espalda recta y los hombros erguidos, como si no hubiera estado a centímetros de la muerte. Sus hombres lo siguieron en silencio, abriéndose paso entre los de Asher, quienes no se habían movido ni un centímetro. El aire era denso, como si todos estuvieran preparándose aún para un tiroteo.
Entonces, la voz de Asher cortó el silencio como una navaja.
—¡Esto se terminó, carajo! —le gritó a Alex—. Si te veo cerca de Ariella otra vez, estás acabad