Asher me dio un recorrido por toda la propiedad, por toda la isla. Me lo mostró todo con la misma calma y seguridad que siempre cargaba. Pero esta vez, no era solo un hombre frío y calculador; se mostraba cálido y entusiasta, como si en verdad quisiera que viera aquello. En ningún momento me soltó la mano ni la apartó de mi espalda... era casi como si no pudiera estar sin tocarme de alguna manera.
Me enseñó las estructuras de la isla, la zona de la playa y los pequeños rincones que, según decía