Todavía no terminaba de creérmelo mientras cruzaba la puerta principal, con el sonido de mis tacones resonando contra el pavimento. El aire se sentía diferente, libre. Mi corazón golpeaba con fuerza en mi pecho con cada paso que daba por el sendero de la entrada, acercándome al elegante auto negro que me esperaba. No podía creer que en verdad se me permitiera salir. Habían pasado meses.
Cuando llegué al auto, la puerta del pasajero se abrió y Asher bajó de él.
Me quedé congelada.
Caminó hacia