—Veo que todavía mantienes la tradición de la toalla.
Me giré bruscamente con el corazón desbocado, solo para encontrar a Asher de pie justo al lado de la puerta cerrada del dormitorio. Me quedé helada.
Estaba aquí. Otra vez. Dos veces seguidas.
Y no sabía cómo tomarme aquello; no sabía qué significaba después de todo lo que había dicho la última vez que estuvimos en esta habitación, después de que me ordenara correr. No sabía si debía sentir miedo o alivio. ¿Esto era bueno? ¿Era malo? No lo