Estaba aterrada. Tenía pánico de lo que Asher pudiera hacerme en cuanto me alcanzara. ¿Derribaría la puerta? ¿Tendría una llave de repuesto? Oh, Dios mío... ¿tendría una llave de repuesto del baño?
¿En qué estaba pensando? ¿Qué era todo esto? ¿Qué estaba haciendo?
El pánico se me enroscó en el pecho. Miré la puerta; era de madera, gruesa y sólida. No creía que él pudiera romperla, pero, por otra parte... ¿yo qué sabía? El miedo no se marchaba; simplemente aumentaba hasta desbordarse, dificultá