Lo que Luca dijo no tuvo el menor sentido para mí, pero para cuando abrí la boca para interrogarlo, él ya se estaba alejando.
—¡Luca, espera! ¡¿Qué significa eso siquiera?! —lo llamé con el ceño fruncido por la confusión.
Él se giró y soltó un suspiro largo y exasperado, como si ya estuviera agotado de toda esta situación. Sus ojos se encontraron con los míos, mostrando esa conocida mezcla de picardía.
—No voy a deletrearte todo, pequeña Ari —dijo, sacudiendo la cabeza levemente—. Tienes que