La luz del amanecer se filtraba por las cortinas entreabertas, dibujando patrones dorados sobre las sábanas revueltas. Lilith abrió los ojos lentamente, sintiendo cada centímetro de su cuerpo adolorido pero extrañamente satisfecho. Un calor familiar la envolvía: el brazo de Damián descansaba posesivamente sobre su cintura, su respiración acompasada rozándole la nuca.
Por un instante, se permitió disfrutar de esa sensación de pertenencia que tanto había rechazado. Luego, la realidad la golpeó co