El Gran Salón de la manada resplandecía bajo la luz de cientos de velas suspendidas en candelabros de cristal. Las paredes, adornadas con estandartes carmesí y dorados, reflejaban la solemnidad de la ocasión. Era la noche del Baile del Alfa, una tradición ancestral que se celebraba cada década, donde el líder de la manada debía elegir a su compañera para abrir el baile, un gesto simbólico que reafirmaba su elección ante todos.
Lilith se deslizó entre la multitud como una sombra, su vestido negr