El amanecer llegó con un silencio inquietante. Lilith despertó sobresaltada, con una sensación opresiva en el pecho que conocía demasiado bien: peligro. Se incorporó en la cama y miró por la ventana. La niebla se arrastraba entre los árboles como dedos fantasmales, ocultando lo que ella ya sabía que estaba ahí.
Invasores.
Se vistió rápidamente con pantalones de cuero negro y una camiseta ajustada del mismo color. Su cabello, ahora más largo y salvaje, lo recogió en una trenza apretada. No era m