El amanecer se filtraba por los ventanales de la oficina principal de la manada, bañando con luz dorada los mapas y documentos esparcidos sobre la mesa de roble. Lilith observaba el horizonte, con la mirada perdida en las montañas que rodeaban el territorio. Había pasado la noche entera revisando estrategias, analizando puntos débiles en las defensas, y su mente, aunque exhausta, seguía trabajando a toda velocidad.
El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos. No necesitó girar