La luna menguante apenas iluminaba el sendero que Lilith recorría entre los árboles. Había decidido alejarse del territorio principal para aclarar sus pensamientos después de la última confrontación con Damián. El bosque nocturno la recibía con su sinfonía de sonidos: el crujir de las hojas bajo sus pies, el ulular distante de un búho, el susurro del viento entre las ramas. Respiró profundamente, dejando que el aroma a tierra húmeda y corteza llenara sus pulmones.
Algo no estaba bien.
Se detuvo