El salón resplandecía con antorchas ceremoniales. Lilith podía sentir el peso del vestido blanco sobre sus hombros, la tela bordada con hilos de plata que representaban la unión de dos manadas. Su corazón latía con fuerza mientras avanzaba por el pasillo central, rodeada de miradas expectantes. Algunos rostros mostraban admiración, otros envidia, pero todos compartían la misma certeza: ella, una simple omega, había sido elegida por el destino para unirse al Alfa más poderoso de todos.
Sus pies