Alejandra Marie Costa
—Marian —Ella, con un dedo llevándolo a sus labios me indica que guarde silencio. Asiento hasta que llegamos a un lugar donde espero no escuche nadie nuestra conversación.
—Alejandra, gracias a Dios que finalmente consigo verte, aunque no me lo creas trate de ponerme en contacto contigo, pero fue imposible —Dice abrazándome.
—¿Cómo sabias que vendríamos?
—Lina, me lo dijo, escucha no tenemos mucho tiempo porque la gente de Bonnet esta pendiente de todo. Ya estoy enterada s