Alejandra Marie Costa
Afuera, el cielo ya estaba oscuro.
Me senté en el umbral de la cabaña, con mi hija dormida en brazos. Miraba el sendero como si pudiera forzar la llegada de quienes quedaron atrás. Mientras Darío se dedica a cocinar la cena el aroma que viaja de la cocina es agradable despertando mi estomago por la preocupación había olvido de que tengo mucha hambre ya han pasado muchas horas de mi último bocado de comida.
Y entonces, lo vi.
Un punto de luz. Luego dos.
Pasos. Arrastrados.