POV: Sebastián
Isabella no estaba llorando.
Eso fue lo que más me alarmó.
Estaba sentada en el borde de la cama, con la espalda recta, las manos apoyadas sobre los muslos, los ojos fijos en un punto inexistente frente a ella. Respiraba con cuidado, como si cada inhalación fuera una negociación con su propio cuerpo. No temblaba. No se movía. No pedía ayuda.
Había aprendido, con el tiempo, que ese era el estado más peligroso.
El silencio absoluto dentro de ella.
Me quedé en el umbral de la habita