PDV Sebastian
No dormí.
Ni siquiera cerré los ojos con intención real de hacerlo. Me limité a quedarme inmóvil, con la vista fija en el techo, contando las grietas invisibles que se formaban en mi mente. El cuerpo estaba agotado. El alma, en alerta.
La imagen seguía ahí. No la foto. No el mensaje.
Ella.
Isabella de perfil, mirando por una ventana que no sabía que era un espejo. El tiempo detenido en un fotograma que alguien decidió congelar para recordarme una verdad incómoda: ya no nos pertene