La noche cayó con la pesadez de una puerta que se cierra tras un secreto. Bella se obligó a comer con moderación, a fingir poses y sonrisa ante los ojos que aún la miraban con deferencia. Pero cada gesto era una obra aprendida; el ritmo de su respiración traicionaba lo que ya sabía: la casa no le pertenecía totalmente. Había algo en las miradas, en los silencios, en la manera en que los nuevos guardias consultaban sus listas, que convertía la mansión en un lugar ajeno.
Cuando la familia se disp