La noche cayó como un telón espeso sobre la ciudad.
Desde su refugio, Sebastián miraba la pantalla con los ojos fijos, la mandíbula tensa. Renaud acababa de enviarle un archivo cifrado con prioridad roja. En la esquina del documento, un nombre familiar: **C. Santini**.
Durante segundos no respiró.
Abrió el archivo.
Dentro, registros bancarios, fotografías de vigilancia, una ficha médica firmada hacía solo tres meses en una clínica privada de Ginebra.
Carlos no solo estaba vivo… sino que había s