Clara miró la imagen hasta que las formas se volvieron ruido. No había orden en esa provocación, solo intención. Un aviso que podía leerse como amenaza o como simple acto de control. Se levantó, guardó el teléfono y respiró hondo: la caza había cambiado de modo. Ya no eran solo ellos cazando respuestas. Ahora, también, alguien jugueteaba con su miedo para medir su límite.
Y en la distancia, Sebastián hacía lo mismo: convertía el miedo en red, trataba de transformar la amenaza en datos. Entre lo