New two
Sebastián Vargas estaba solo en su oficina del último piso de su rascacielos en Manhattan, rodeado de paredes de vidrio que ofrecían una vista panorámica de la ciudad iluminada como un tablero de ajedrez. Cada luz parpadeante, cada sombra en movimiento, podía significar un peligro oculto o una oportunidad de información. Desde hacía años, había aprendido a leer cada patrón con precisión. Ahora, todo su mundo se reducía a una serie de pantallas, cables y códigos, y a la constante preocupa