Nueva York la recibió con un frío seco.
El viento soplaba con violencia entre los edificios, levantando los cabellos sueltos que escapaban del abrigo. Isabella ajustó las gafas oscuras, subió el cuello y se perdió entre la multitud.
Tenía una dirección en mente: un pequeño apartamento en el Bronx, alquilado bajo el nombre de **Clara**. Allí comenzaría su metamorfosis.
El trayecto fue largo. En el metro, nadie la miraba dos veces. Eso la tranquilizó. La invisibilidad era su mejor arma ahora.
Mie