La noche apenas había comenzado para Omar.
Estaba en su oficina, una habitación amplia pero sombría, iluminada por la luz azul de varias pantallas que mostraban calles, placas de autos y rostros congelados en imágenes de vigilancia. El silencio era apenas roto por el zumbido del aire acondicionado.
Un golpe suave en la puerta interrumpió su concentración.
—Adelante.
Un joven alto, de cabello rapado y chaqueta de cuero, entró. Llevaba un sobre negro en la mano.
—Acaban de llegar, jefe. Las tomó u