El amanecer llegó lento, como si el cielo dudara en mostrar su luz sobre una ciudad que todavía olía a pólvora y miedo.
Sebastián ya estaba despierto. Se había pasado gran parte de la noche revisando la grabación, memorizando cada palabra de Oscar, cada silencio de Carlos y Bella, cada gesto que revelaba su verdadera naturaleza.
Isabella, envuelta en una manta, lo observaba desde el rincón del almacén. Tenía ojeras, pero sus ojos estaban encendidos.
—La has visto una y otra vez —dijo con voz baj