La luz fría de la luna bañaba la inmensa mansión Millán, resaltando cada detalle de lujo y poder que el apellido Millán representaba. La sala principal, con sus techos altos y sus enormes ventanales, estaba ahora llena de rostros sombríos, tensos, casi como si todos ellos hubieran sido tocados por la misma sombra que pendía sobre la familia. Bella Millán se mantenía erguida en el centro, con la mirada fija y firme, y en sus manos aún sostenía aquella bala reluciente, fría al tacto, con su nombr