El eco de sus tacones resonó en el suelo de mármol mientras atravesaba el salón principal de la mansión. Bella avanzaba como una reina, con la cabeza erguida, pero con un fuego interno que amenazaba con consumir todo a su paso. Los ventanales dejaban entrar la luz fría de la luna, bañando los muebles antiguos y las esculturas en tonos plateados. La mansión, con su lujo intimidante, parecía un templo levantado sobre secretos y pecados.
La puerta doble de caoba se abrió y entraron dos hombres. Ve