Capítulo 23

La carretera vieja era un corte oscuro entre cerros y matorrales. No había luces, salvo el reflejo lejano de las farolas de la autopista principal. El aire era frío, y cada crujido de las piedras bajo sus botas sonaba más fuerte de lo que debía.

Sebastián señaló una zona elevada, cubierta por arbustos secos.

—Tú te quedarás aquí abajo, detrás de esas rocas. Cuando dispare a las llantas, corres hac

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