Isabella se quitó el disfraz de stripper con manos temblorosas, dejando caer la tela brillante al suelo del baño del bar. Los ecos de las risas y la música se desvanecieron mientras la realidad la golpeaba con fuerza. Carlos, ese monstruo disfrazado de hombre, estaba inconsciente en una cama. La confesión sobre el asesinato de su hija, Eva.
Con cada paso hacia su apartamento, la lluvia comenzó a caer, pero no era más que un murmullo distante comparado con el torrente de emociones que la inundab