La mano de Sebastian ya estaba sobre el picaporte de la puerta cuando el fuerte olor cobrizo de la sangre impregno sus fosas nasales y se congelo frunciendo el ceño
—Por favor, espera aquí —Murmuró consiente de la tensión que irradiaba el cuerpo femenino detrás suyo.
Abrió la puerta, las luces estaban apagadas, todo estaba es una oscuridad absoluta, lo que más llamo su atención era que sus sistemas de seguridad habian sido desactivados y recordaba perfectamente haber asegurado la puerta antes d