POV: Sebastián
La luz cálida del comedor bañaba el rostro de Isabella con una suavidad que Sebastián ya no asociaba a la paz, sino a algo mucho más frágil. Ella hablaba, sonreía, le contaba detalles triviales del día —una visita médica, un libro que quería terminar antes de que naciera el bebé, una receta que pensaba probar— y él asentía, respondía en los momentos correctos, incluso reía cuando correspondía. Desde fuera, cualquiera habría dicho que eran una pareja normal, feliz, esperando un hijo.
Pero Sebastián no estaba allí del todo.
Su mente regresaba, una y otra vez, a la imagen que había visto horas antes en la pantalla de su computadora. La fotografía antigua. Isabella y Carlos, jóvenes, abrazados. Y debajo, la frase que no necesitaba contexto ni explicación:
“Ella es mía.”
Había cerrado el correo sin responder. No por miedo. Por cálculo. Carlos siempre había sido así: un depredador que disfrutaba anunciar su presencia antes de atacar. Un hombre que necesitaba sentirse visto. Y