La luz suave de la mañana se filtraba por las ventanas de la cocina, iluminando el rostro preocupado de Isabella. Sentada en la mesa, contemplaba el plato de tostadas que Sebastián le había llevado, pero el aroma a pan recién horneado no lograba calmar el torbellino en su interior. La imagen de su hija, Eva, y el horror que había vivido bajo el cuidado de su padre y su nueva esposa, llenaban su mente de pesadillas.
Sebastián se apoyó en el marco de la puerta, el suéter gris oscuro que llevaba r