Isabella daba vueltas entre las sábanas de satín negro, una tela de lujo que, a pesar de su suavidad, no podía brindarle consuelo. La lujosa habitación de Sebastián era un reflejo de un mundo que, en este momento, le parecía ajeno. Las sombras danzaban en las paredes, y su mente estaba atrapada en un ciclo interminable de pesadillas. Las memorias de la funeraria la acechaban, como si las paredes pudieran repetir aquel llanto desgarrador que tanto le había impactado, llenando su corazón de una t