La ciudad seguía sin saberlo, al menos por un par de horas más, que la tormenta interna en la familia Millán ya había comenzado. Los vehículos negros que se movían por las calles en silencio eran el reflejo de lo que ocurría dentro de los muros de sus fortificaciones. La codicia, las mentiras, las amenazas, y la avaricia finalmente habían llevado al borde a los más poderosos. El secreto de Eva, la pequeña que murió a manos de la familia, ya no sería enterrado más.
En el almacén donde Sebastián e