La noche se cernía sobre la ciudad con la quietud que solo los momentos previos a la tormenta podían traer. En las calles vacías, los coches de lujo avanzaban hacia el centro, sus faros iluminando brevemente el camino antes de desaparecer en la oscuridad. En la mansión de Omar Millán, los murmullos de la familia se convirtieron en gritos a medida que la verdad se filtraba en cada rincón. El imperio, que se había edificado sobre secretos, traiciones y la muerte, ahora tambaleaba bajo el peso de