En el apartamento de Tony, no se escuchaba nada más que los pasos de él yendo y viniendo, hasta casi dejar un hueco en la sala, mientras se comía las uñas. El boricua, estaba nervioso, caminando de un lado a otro desde hacía horas. Supuestamente, Soria tenía que llegar para cenar y nunca llegó, ya para darle más inri a la situación no atendía el celular. Tony se había cansado de llamarlo y de dejarle mensajes, pero no obtuvo respuesta alguna por parte del chico. Los nervios y los malos pensamie