NIKITA
No me he tomado ni una sola de esas pastillas desde que salí del hospital.
Cada una la escondo en el zapato derecho, en el fondo, justo debajo de la plantilla interior. Un escondite sencillo, pero nadie se agacha a mirar los zapatos de una esposa sumisa, porque eso es lo que soy, lo que debo ser.
Desde que recuperé la memoria en esa sala blanca, con olor a cloro y metal, supe que no podía confiar en nadie. Ni siquiera en mi reflejo. Esa vida que Lev construyó para mí... no fue una fantasí